Hace dos años probé mi primera clase de yoga. Me gustó, a pesar de que las primeras veces mi instructor me regañaba y me sentía como si estuviera en el colegio. Yo intentaba imitar a los demás para no hacerlo mal y él me insistía en que tenía que centrar toda mi atención en escucharle y hacer lo que él iba diciendo sin mirar a nadie. Me costó un poco focalizar mi mente en sus palabras, no estaba acostumbrada a ese nivel de concentración, pero cuando lo conseguí, no solo me sentí bien conmigo misma en clase, sino que me ha ayudado en mi día a día a concentrarme mejor.
Yoga
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