Hoy es el último día del año, a punto estamos de cerrar el 2019 para dar la bienvenida al 2020. Si tuviera que definir con un adjetivo el año que dejamos atrás, diría que ha sido INTENSO.
He tenido momentos de felicidad absoluta, donde las risas estaban aseguradas, de compartir experiencias, abrazos y besos sinceros, de ayudar y hacer feliz a otros; y otros muy tristes, de pérdidas inesperadas sin ocasión de una despedida.
He vivido días a tope, con una energía fuera de serie, en los que todo salía rodado; y días de no llegar a todo, de tener que improvisar y de terminar el día agotada física y mentalmente.
También he conocido a personas realmente maravillosas, de esas que no se encuentran fácilmente, con las que conectas mágicamente, cuyas miradas y sonrisas tienen un brillo especial, esas que serán eternas aunque no las vuelva a ver nunca más.
A lo largo de nuestra vida nos cruzaremos con personas que nos darán felicidad, otras nos darán lecciones y las mejores son aquellas que nos dejarán bonitos recuerdos, esos que permanecerán eternamente en nuestros corazones.
Y, sobre todo, he aprendido que ahora estamos aquí y después no sabemos. Que TENER VIDA lo damos por hecho, pero no nos damos cuenta de lo vulnerables que somos hasta que no nos toca vivir de cerca una catástrofe, una grave enfermedad o la pérdida de un ser querido.
Estamos tan inmersos en nuestro ajetreado día a día, que se nos olvida que aquí estamos de paso, que somos muy afortunados por estar vivos hoy, por tener un techo donde refugiarnos, comida y bebida que llevarnos a la boca, por tener una familia y amigos que nos quieren y nos apoyan incondicionalmente.
Vivir es un regalo. Agradezcamos cada día de vida, valoremos lo que tenemos y hagamos aquello que nos hace felices: ver una puesta de sol sobre el mar, dar un abrazo cálido por la espalda, entregar un beso con el alma, ofrecer tu mejor sonrisa a quien tienes al lado, jugar y reír a carcajadas con tus hijos, ver una película en buena compañía... de eso trata la vida, de SENTIR. Estas pequeñas cosas son las que recordaremos el día de mañana.
Todo lo que hagamos, hagámoslo con amor, dando lo mejor de nosotros, intentando ser cada día nuestra mejor versión. SOMOS LO QUE HACEMOS Y SENTIMOS. Y siempre que podamos, ayudemos a quien nos necesite; aunque de esta manera no cambiaremos el mundo, pero sí podremos cambiar el mundo de esa persona.
Una frase que se me ha quedado grabada a fuego me la dijo Virginia, una mujer admirable que peina muchas canas y que descubrí trabajando:
Nunca pierdas tu sonrisa, si la entregas al mundo te será devuelta de la misma manera.
Porque, aunque estemos pasando por una mala racha, mientras haya vida, después de la tormenta siempre sale el sol.
Comentarios