¿Qué imagen proyectamos de nosotros mismos de cara al exterior? Esta pregunta me vino ayer a la cabeza cuando mi amiga Esther me contó una anécdota que le había pasado por la tarde.
Desde hace un mes trabajo en ACNUR como captadora de socios en calle. Mi amiga se encontró a unos compañeros míos de la tarde en el polideportivo municipal y les comentó que yo era compañera de la mañana. Indagando para ver quién era, pues somos dos Susanas, uno de ellos, con el que solamente he hablado en dos ocasiones cinco minutos, cuando supo quién era dijo de mí que soy muy enérgica. Y eso me hizo reflexionar sobre cómo me ven los demás, sobre cómo me comporto con el entorno que me rodea y de la imagen que tengo sobre mí misma. Y efectivamente, soy consciente de que soy enérgica y no hago nada especial por demostrarlo, me sale solo.
La actitud es el pincel con el que la mente colorea nuestra vida, somos nosotros quienes elegimos los colores.
Pero no siempre es así, a veces las personas no nos ven como nosotros nos vemos, y aquí entran en juego los complejos, que tan negativamente influyen sobre nuestra persona. En otras ocasiones, algunas personas quieren caer bien y agradar en todo momento a quien tienen delante, que se les olvida ser ellos mismos, y se ven en la tesitura de hacer o decir algo que no les gusta por el mero hecho de agradar. No se ven capaces de decir "no" o de expresar su opinión por miedo a ser rechazadas. Esto les ocasiona malestar y frustración. Por eso es tan importante valorarse, quererse, aceptarse y anteponer los intereses propios para ser feliz consigo mismo y así poder hacer felices a los demás.
Aunque por redes sociales conté mi experiencia con los complejos de mi adolescencia, la vuelvo a contar de nuevo:
Desde los 13 años, mi obsesión por estar delgada controlaba mi mente y a veces comía poco para el deporte que hacía en ese momento, pero, por suerte, no tuve ningún trastorno alimenticio. Con 16 años me veía muy bien pero un año después engordé unos kilos y me creció desproporcionadamente el pecho. Me dolía la espalda una barbaridad, apenas podía estar de pie unos minutos, no me reconocía y lloré lo que no está escrito. Con 21 a punto estuve de someterme a una operación de reducción de pecho por la seguridad social pero el cirujano que me iba a operar me dijo que si tenía hijos volvería a quedarse igual y me eché atrás.
Hubo un punto de inflexión en mi forma de verme cuando un chico que me gustaba vio en mí algo más allá de mis curvas y me lo hizo saber: le encantaban mis ojos y mi sonrisa y le parecía muy simpática. Desde ese momento, empecé a verme de otra manera, a quererme más, aunque no ha sido hasta ahora, casi 20 años después, que me he aceptado tal y como soy físicamente. Y esa aceptación, en parte, tiene que ver con que, por motivos de salud, me vi en la obligación de hacer mucho deporte, y no solo he notado una mejoría física, sino también mental.
Como me dijo una vez una persona, Laura: "La belleza está en los ojos del que mira". Y así es. Hay un librito muy corto en formato cuento que me encanta y habla de esto, "A veces", de Claudia Rueda.
No tengo estudios de psicología pero reconozco que siempre me ha llamado la atención el comportamiento humano. Y buscando información referente a esto, he encontrado un artículo muy interesante donde lo explican claramente.
Algo que recomienda el artículo lo hice yo antes de abrir el blog: pregunté a mi entorno más cercano para saber cómo me definirían y me emocionaron y sorprendieron gratamente. Es un ejercicio que deberíamos hacer todos alguna vez, pues te redescubres gracias a las miradas de otras personas.
Ahora mismo, mientras escribo estas líneas, me acaba de llegar un mensaje de mi madre con esta frase con la que no puedo estar más de acuerdo: "La actitud es el pincel con el que la mente colorea nuestra vida, somos nosotros quienes elegimos los colores". Maravillosa. Esto me recuerda que hace no mucho escribí un post acerca de la actitud, os dejo el link aquí por si queréis leerlo.
Querernos es vital, como también lo es mantener una actitud positiva ante la vida. Ser positivo nos ayuda a sentirnos bien y nuestro comportamiento irá acorde con cómo nos sintamos. Todos somos humanos, incluso las personas positivas también se sienten a veces tristes o enfadadas, un mal día lo tiene cualquiera, o por circunstancias adversas, su estado de ánimo dejará de ser tan positivo, pero se repondrán antes por la actitud que tienen ante la vida.
Cada vez me doy más cuenta de la suma importancia y de la fuerza que tiene el concepto que nos construimos sobre nosotros mismos para alcanzar el bienestar. Nadie es perfecto, todos tenemos nuestros defectos, pero la clave está en intentar ser la mejor versión de nosotros mismos cada día. Somos lo que sentimos y nuestro sentir es lo que proyectamos de cara al exterior.
Querámonos, seamos positivos y seremos más felices.
Comentarios