Maribel Gámez en la Malasmadres House

Hace más de una semana que acabaron las clases pero se me acaba de venir a la mente la imagen de Alba despidiéndose de su profesora: lloraba abrazada a ella porque cambia de colegio y la va a echar mucho de menos. Qué importantes son los profesores para los niños y adolescentes, no solo por el buen aprendizaje, sino también por el buen desarrollo de su autoestima.

Y no he podido evitar acordarme de mi profesora de 3º de EGB: nos castigaba y nos pegaba en la cara con los nudillos si nos levantábamos o hablábamos. Yo era como Alba: habladora, inquieta, sin filtro, siempre estaba castigada y recibía constantemente cachetes de esta profesora. No solo odiaba el colegio porque la tenía miedo, sino que además tenía que aguantar que me dijera que no valía para estudiar; llegué a creer que era tonta y que tenía razón. Hace 30 años no se conocía el TDAH como tal, me tachaban de molesta y me pasé muchas horas castigadas pero, por suerte, hubo profesores que sí creyeron en mí, empecé a sacar mejores resultados y nunca llegué a repetir curso.

Tengo cierto temor cuando Alba termine primaria y pase al instituto, pues ahora ella va feliz al cole, le encanta, allí saben que tiene TDAH y lo tienen en cuenta. Pero, por desgracia, no todos los centros educativos ni todos los profesores están concienciados con este trastorno, aunque deberían por ley. Si a eso le sumamos que estará iniciando la adolescencia, me entran sudores fríos. 

Si bien la adolescencia ya es una etapa dura, con muchos cambios físicos, se vuelven más rebeldes, se sienten incomprendidos, aparecen los complejos, etc., tener adolescentes con TDAH tiene que ser de órdago, bombas de relojería. Recuerdo algunas anécdotas mías de adolescente y madredelamorhermoso: nunca me metí en líos, ni en drogas, ni dejé los estudios, aunque me distraía con facilidad y me costaba horrores concentrarme para atender y estudiar, pero sí recuerdo mis complejos, que desobedecía en la hora de llegada y las discusiones explosivas con mi madre, sobre todo. Otras madres con hijos con TDAH ya me han avisado: "te vas a enterar cuando sea adolescente". Dosis extra de paciencia y mucho yoga, auguro yo.

Hace poco asistí a una interesantísima charla sobre adolescencia, impartida por la psicóloga infantojuvenil Maribel Gámez, organizada por el Club de Malasmadres y Arnidol. A Alba todavía le queda un poco pero, actualmente, la preadolescencia cada vez es más temprana debido a la alimentación tan hormonada que tomamos. 

Los padres tenemos la experiencia propia, sabemos qué es y cuándo se va a producir, aproximadamente. Tenemos que identificar nuestros miedos para gestionarlos correctamente y no transmitírselos a nuestros hijos. Es fundamental la comunicación con ellos, que cultivemos la confianza, les escuchemos sin perder el control, les comprendamos y luego ya tomaremos las decisiones pertinentes. 

Así podremos enfrentarnos con mayor éxito a los nuevos retos que llegarán:

  • Aceptar los cambios físicos de la pubertad. Tenemos que informarles de los cambios que se van a producir en su cuerpo, aceptarlos, saber manejar las emociones, tenemos que dar valor a otros aspectos que resten importancia al físico, ponerles ejemplos reales para hacerles ver lo que pueden perderse si actúan de cierta manera. Aquí pueden empezar los problemas con la alimentación y la pérdida de autoestima por los complejos. 
  • Relacionarse de manera eficaz con ambos sexos. Somos sus modelos de relaciones sociales, ellos nos observan cómo nos relacionamos con la gente, con nuestros amigos. Tenemos que ofrecerles actividades que promuevan la sociabilidad, poner en duda los estereotipos de género, explicarles qué es la violencia de género, lo que no deben hacer ni aceptar, como el control excesivo de otras personas y/o novios, el respeto al cuerpo.
  • Desarrollar una forma de pensar, una ideología y valores propios. Debemos conocer los motivos de su comportamiento, saber por qué se enfadan, se frustran y/o gritan.
  • Alcanzar la independencia psicológica y moral con respecto a los padres. Tenemos que tener habilidades de diálogo y manejo de emociones intensas, tolerar la distancia, pues se van a separar de nosotros (querrán estar más con sus amigos), acompañar en los errores. Tendrán sus primeras decepciones con amigos y/o novios.
  • Definirse sexualmente, buscar pareja. Nosotros somos su modelo de pareja, pero existen otros, informarles de ellos. Debemos aceptarles incondicionalmente, que se sientan seguros de sí mismos, independientemente de su condición sexual.
  • Elegir una carrera profesional. Los padres sabemos cuáles son los intereses de nuestros hijos, qué se les da bien hacer, tenemos la capacidad de guiarles pero sin imponerles nada, tolerando sus dudas y sus cambios.
  • Sentirse aceptado y reconocido en los grupos de amigos. Tenemos que ser flexibles con las reglas (negociar la hora de llegada, los planes en familia), debemos castigar poco pero eficazmente.
  • Necesidad de intimidad. Ellos también necesitan su espacio y su intimidad, para ello los padres tenemos que llegar a acuerdos en pareja, negociar y ser capaces de reconocer nuestros errores.

Hemos de saber que el adolescente que no discute nunca o que no se relaciona con sus iguales tiene algún problema, no es lo normal. Estas son las señales de alarma que debemos tener en cuenta:

  • Cambio en el rendimiento escolar.
  • Dificultad para enfrentarse a los problemas o siutaciones.
  • Cambios en los hábitos de comida y/o sueño.
  • Estado de ánimo negativo, tristeza, sentimientos de abandono.
  • Tóxicos (drogas). Previamente, hemos tenido que haberles dado información de qué son, cuáles, qué efectos producen y cuándo pueden tomarlo y cuánto.
  • Miedo intenso a ser obeso y restricciones en cuanto a la comida .
  • Pesadillas persistentes.
  • Amenazas de hacerse daño a sí mismo o a los demás.
  • Infringirse heridas.
  • Arranques frecuentes de ira y agresión.
  • Amenazas de fuga de casa.
  • Pensamientos y sentimientos extraños.
  • Comportamiento poco usual.
  • Delirios de que se siente perseguido por alguien. Es en esta etapa que, si tienen el gen de la esquizofrenia, se desarrolla aquí, por los aumentos de estrés y ansiedad.

Un juego que se utiliza mucho para saber los miedos de los niños y las preocupaciones de los adolescentes es preguntarles qué tres deseos pedirían. Hice el experimento con Alba y el primero fue una mascota, el segundo que nunca dejáramos de estar a su lado y el tercero que nunca la dejáramos de querer. Hablamos de ellos, nos emocionamos y cambió el primer deseo por tener una varita mágica para impedir enfermedades y accidentes. 

Y, sobre todo, no olvidemos nunca que somos sus referentes y aunque no lo admitan, nos observan, nos imitan, porque somos sus modelos.

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